14 ago. 2010

UNA VEZ MÁS Y CON ESTAS SON TRES VECES

Una vez más y van tres veces las que me han otorgado la Espiga de Romanillos de Medinaceli de poesía (2005 TIERRA DE PAN - 2007 CAMPOS DE SORIA) y el 2010 con EL ULTIMO LABRIEGO (Nostalgia), cosa de la cual estoy muy contento y agradecido. La verdad es que el primer año me presenten con la intención de ganar y, a sí lo hice, es más me desplacé desde Andalucia donde veraneaba para recibir el homenaje en persona con mis amigos José Conde y Agustín de Toro. En el 2007 me presente por que creo que debemos participa todo los poetas y escritores para realzar. estos concurso. También gane el primer premio y recogió el mismo en mi nombre mi amigo Agustín. Este año, llevaba tiempo sin participar y me pidieron que lo hicieran y lo hice y de nuevo gane la Espiga. Muchas gracias a Agustín que en mi nombre recoge el galardón. Gracias también a la Peña Cultural de Romanillos de Medinaceli por seguir trabajando durante tantos años en pro de la cultura. al jurado de poesía por tenerme en tanta valía, cosa que creo no merecer, aunque si he de ser sincero, pocos habrá que amen más a la Tierra y a la Naturaleza en su conjunto, como yo la amo y este es el tema de las obras de este concurso y esa provincia para mi tan querida que es Soria, donde este año he pasado muchos días recorriendo sus rincones más escondidos. La ultima vez del 19 al 23 de este agosto.
EL ULTIMO LABRIEGO

Su mirada pérdida en un punto del horizonte
donde se funden dos líneas imaginarias,
un cigarro entre sus labios con la favila muy larga.
De ese pitillo que demora, la última de sus caladas
en cada una de ellas va un fragmento de su vida.
De esa vida; que entre sus dedos se escapa.
Sus ojos tristes profundos son el río en su cárcava.
Rostro que talló el sol, la lluvia, el viento, el agua…
y la reja de los tiempos hace mucho que asurcara.
Unas manos temblorosa con las uñas muy agrietadas
sostienen entre sus dedos un bastón que sin frío tiritaba.
Su mirada en la tierra vasta, parda, dura, llana…
que un día no hace tanto con sus sudores regara.
Esa tierra que amo tanto, como nadie puede amarla.
Esa tierra tan injusta, olvidadiza e ingrata,
que nunca le reintegró un poco de aquel cariño
que él a raudales le daba.
Amante egoísta, vana...
que nunca le dio cosecha que sus angustias aliviara.
Él que todo le entregó, su niñez, su juventud, su madurez...
aquellas noches en velas, llenas de imaginarias.
Y a pesar de aquel desprecio,
Pascual la amaba, la amaba…

Un tractor gira y gira dando vueltas a la besana,
en el cielo un aguilucho silba llamando a su amada,
junto a un arroyuelo donde cantan ajena el agua,
un hato de ovejas pacen en tierras abarbechadas
mientras que sus corderillos triscan alegres y ajenos
a las penas y a las lágrimas, ignorantes de nostalgias.

Cuando las chovas graznando vuelan hacia su morada
Pascual desanda el camino contemplando la espadaña.
Un día más el anciano ha subido hasta la loma
para contemplar con calma, la senara de su pueblo
donde su vida enterrara.
Sus ojos se le humedecen y el corazón se desgarra.
Un día más: Contempla el olmo que siendo niño plantara
y, como lo vio crecer y, como echaba sus ramas
al mismo tiempo que a él la pelusa de su barba
se le volvía más dura ensuciándole la cara.
Y recordó; cosa que nunca olvidaba
que a la sombra de ese olmo una tarde de verano
perdió su virtud guardada.
Por ambos pasó el tiempo con su mudez adecuada;
el olmo se hizo más olmo y el niño viejo ya estaba.

He oído doblar llorando hoy las campanas al alba.
Dicen que ha muerto Pascual el labriego,
el labriego que aún quedaba.
A las cinco de la tarde en las andas lo llevaban
camino del cementerio al encuentro con su amada.
Cuando la tierra en su seno lo acogió y lo abrazaba
el cielo gritó y lloró con lágrimas muy amargas
y el olmo su viejo amigo escuchó llorar a sus verdes ramas.


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